Los dueños del cielo

6 diciembre 2010

Manuel Luis Ramos García

La palabra cielo tiene múltiples acepciones. Para algunos es el lugar donde nos gustaría residir al final de la vida. Otros sólo ven en el vocablo esa bóveda azul y diáfana que rodea la Tierra. Los enamorados a veces usan el término como apelativo cariñoso y de las buenas personas se suele decir que son un cielo.

En ocasiones movemos “cielos y tierra” para lograr nuestros objetivos, aunque los medios para conseguirlo “clamen al cielo”. Este sería el caso de los controladores de la circulación aérea, guardianes de ese cielo del que son amos y señores, y que en ocasiones hacen que “lluevan del cielo” comportamientos profesionales de dudosa justificación como método reivindicativo, alterando la buena marcha de las comunicaciones por avión.

El cielo que vigila la zona de Los Rodeos a veces desparece y el aeropuerto queda escondido bajo un manto grisáceo, pues el campo de vuelos está ubicado en una meseta cuya elevación coincide con el nivel de condensación en esa zona, lo que determina la presencia de bancos de nubes estratiformes.

Cuando la neblina hace acto de presencia se pone en marcha un protocolo establecido por la autoridad aeronáutica definido como “procedimiento de baja visibilidad”. Esta fase está dirigida por el departamento de Coordinación de AENA y organizada desde la torre de control, obligando a los profesionales de todos los grupos laborales a ajustarse a lo establecido para este tipo de operación, que se fundamenta básicamente en una mayor separación entre las aeronaves en los rodajes, unas precauciones extremas en el tránsito de vehículos por la plataforma y un aumento de la distancia entre los aviones tanto en aproximaciones como en despegues. La implantación de estos procedimientos es responsabilidad de los controladores, que son quienes ordenan en qué momento deben aplicarse estas normas esenciales para garantizar la seguridad del tránsito aéreo.

Panorámica aérea del aeropuerto Los Rodeos Tenerife Norte

Pero ante esas situaciones adversas no todos los guardianes del espacio aéreo han actuado con los mismos métodos, aplicando algunos de manera “celosa” esos procedimientos de baja visibilidad, como medida de presión ante el conflicto interminable de este colectivo. Es necesario cuidar la seguridad de las operaciones cuando las circunstancias obligan a ello, pero es claramente reprobable que se usen métodos a capricho para reivindicar derechos laborales, agravando las repercusiones que una situación meteorológica adversa produce a los pasajeros y a las empresas. Este fue el caso del pasado día 30 de noviembre, fecha en la que el tráfico aéreo interinsular llegó a una situación de colapso.

A pesar de lo acordado en un documento el pasado mes de agosto entre los representantes de los controladores y AENA, las negociaciones no han avanzado, llegando al cierre del espacio aéreo español en la tarde del pasado día tres. Este gremio, que cuenta con excelentes profesionales y grandes corporativistas, podrá seguir algún tiempo en su séptimo cielo, considerándose dueño y señor del espacio aéreo. Pero los profesionales que aman el mundo aeronáutico saben que el cielo por el que vuelan será siempre patrimonio de los poetas y de los aviadores, aunque desde abajo algunos quieran torcer los renglones y alterar las aerovías.

Anuncios