Vaivenes estacionales en Binter

13 marzo 2012

Manuel L. Ramos García (*)

El próximo día 26 se cumplirán 23 años del primer vuelo de Binter Canarias. Tengo el orgullo de haber pertenecido a esta empresa desde septiembre de 1990 y la satisfacción de seguir al mando de sus aeronaves, en unos momentos en los que tener un trabajo es un verdadero privilegio. Los renglones que siguen son parte de unas vivencias profesionales intensas, volando entre nubes y claros, con algunos momentos duros y muchas experiencias gratificantes.

Primavera de 1989. Se realizan los primeros vuelos interinsulares de Binter, empresa de aviación regional dependiente de Iberia y creada con el fin de abaratar costos en un mercado sin competencia. El sol brillaba detrás de la Isleta en aquel amanecer del 26 de marzo, cuando dos turbohélices conocidos como “Casa-Nurtanio” se cruzaron sobre el cielo de Agaete, vigilados desde la costa por el Dedo de Dios, uniendo por el aire a las dos islas capitalinas.

Binter Canarias inició sus operaciones con cuatro aviones CN-235

Verano de 1990. Se inicia la operación de Binter en el aeropuerto de El Hierro con un ATR-72, aeronave ideal para los vuelos llamados de “tercer nivel”, un apelativo que en aquellos tiempos definía al sector aeronáutico de trayectos cortos. Los pescadores de La Caleta vieron pasar sobre sus barcas un avión verde y amarillo aquella mañana del mes de junio. El EC-ESS  partiría poco después rumbo a Tenerife, acariciando los acantilados volcánicos del Tamaduste, que fueron testigos silenciosos y sin tremores del primer despegue  en una pista de apenas 1000 metros.

Otoño de 1999. La noche del 30 de noviembre, mientras San Andrés velaba por la calidad del último vino nuevo del siglo pasado, un avión de Binter simuló las condiciones del llamado “efecto 2000”, comprobando la operación de los sistemas informáticos aeronáuticos que podrían verse afectados por el cambio de los dígitos del nuevo año. Las pruebas demostraron que todo continuaría funcionando correctamente después de las doce campanadas del último día del siglo XX.

Iberia reflotó la compañía para venderla a sus actuales propietarios

Invierno de 2001. Acaba el primer año del tercer milenio con una buena nueva.  Los Reyes Magos anuncian en enero de 2002 que Binter superó los dos millones y medio de pasajeros transportados, con unos índices de puntualidad de más del 95 por ciento. En esta ocasión sus majestades de Oriente tuvieron que pasar medidas extraordinarias de seguridad, pues pocos meses antes, en septiembre de 2001, la aviación mundial sufrió el acontecimiento más grave de su historia, con el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York . Este hecho luctuoso marca el comienzo de la crisis del negocio aeronáutico y la quiebra de algunas grandes empresas del sector.

Primavera de 2006. La sección sindical del Sepla en Binter anima a sus afiliados a enseñar los dientes al patrón, con una huelga de celo conocida como “vuelo a perfil”, que se mantiene desde abril a octubre de ese año. Mayores consumos de combustible, descenso de la puntualidad, perjuicios a los clientes y  alteración del programa de mantenimiento son las consecuencias de unos comportamientos profesionales de alto corporativismo y baja profesionalidad. Todo ello estuvo basado en los temores ante un previsible cambio de estructura empresarial, que inevitablemente se iba a producir. El Dedo de Dios, testigo de aquel primer vuelo de Binter, yace ahora en el fondo del puerto de las Nieves después del paso del huracán Delta. Las fuerzas de la naturaleza pudieron con este bello roque, al que le sucedió algo que nos puede pasar a cualquiera y que reza así: ”torres más altas han caído”.

Durante mucho tiempo, Binter ha estado envuelta en vaivenes

Verano de 2007. De nuevo los representantes de los pilotos de Binter deciden continuar con su particular modo de entender la crisis económica, convocando una huelga que solo estuvo apoyada por algunos miembros de Comisiones Obreras, sin la aprobación del Comité de Empresa. Fueron catorce meses de conflicto laboral, el más largo de la historia de la aviación española, con graves consecuencias para el servicio a los pasajeros. Los “tremores” aeronáuticos causados por la lucha reivindicativa del Sepla, que producen alteraciones en los vuelos de Binter desde mayo de 2007 hasta agosto de 2008,  hacen tambalear la economía de la empresa, que opta por utilizar los servicios de Naysa, comenzando a operar los ATR-72 con una estructura laboral productiva y unos costos adecuados al mercado.

Otoño de 2010. La competencia indica el rumbo y la crisis marca el camino a seguir. Lo que queda de la operativa de aquella Binter de los años noventa debe someterse a un plan de ajuste que permita reducir costos y aumentar la productividad. La oferta de la empresa a sus pilotos es clara y contundente: reducción de percepciones dinerarias y adecuación del régimen de trabajo y descanso a lo que marca la legislación aeronáutica. Teniendo en cuenta que el salario de un comandante de Binter de alto nivel, ocupado 15 días, es igual a la suma de los sueldos de una tripulación completa de cualquier compañía del entorno que trabaja veinte jornadas al mes, la decisión está clara. Pero el “efecto 2000” no fue superado por quienes dirigen y controlan el futuro de los pilotos, quedándose anclados en el siglo pasado y ,lo que es peor, intentando coaccionar a quienes podrían tomar un rumbo diferente al marcado por unos representantes sindicales corporativos y trasnochados.

La competencia y los nuevos tiempos indican el camino a seguir

Invierno de 2011. Un nuevo operador surca los cielos de nuestras islas con el logo de un presa canario anaranjado,  fiel guardián de sus aviones y símbolo de la cúpula de la empresa. Este Gran Can de figura elegante y postura firme es el orgullo de Canair, pequeña compañía que trabaja con eficiencia para Binter desde el 20 de septiembre, contando con una plantilla de directivos y tripulantes de alta cualificación profesional. En nuestros vuelos divisamos el Teide seco y sin su manto níveo, y aunque es precioso cualquier día del año, en los meses invernales nos gusta ver al volcán vestido de blanco. Parece que los recortes ante la crisis afectan también a la meteorología y por ahora todo indica que llegaremos a la primavera sin una gota de lluvia ni un copo de nieve.

El Gran Can señala el comienzo de una nueva etapa en Binter

En estos momentos de crisis para muchos y de reflexión para todos, es necesario adaptarnos a los cambios que marca el negocio aéreo, aunque algunos todavía sigan con sus vaivenes entre las nubes alterando el rumbo y perdiendo el tiempo. Pero aún así, a esos pocos les deseo felices vuelos, allá donde quieran estar.

(*) Piloto de Canarias Airlines

Fotos: Javier Rodríguez y Manuel L. Ramos García

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2 comentarios to “Vaivenes estacionales en Binter”

  1. Una vez más Manuel Luís nos deleita a la vez que informa de un modo exquisito, con digital pluma, una información que pocos conocemos a fondo. Sirvan estás breves líneas para felicitarle.

  2. […] de Binter Canarias, la antigua filial de Iberia, que fue utilizada muchas veces como escudo de sus pretensiones y estrategias sindicales. No hay acuerdo entre Iberia y sus pilotos. Habrá […]

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