A la espera de una sentencia sobre Binter

24 abril 2013

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Anda en estos días el sindicato elitista Sepla haciendo campaña a la espera de conocer la sentencia a la demanda presentada contra el Grupo Binter, al entender que la empresa es solvente y no se justifica el ERE que ha afectado a 35 trabajadores, entre pilotos y TCP’s. Nada nuevo bajo el sol. Dicen estos señores y los del sindicato de auxiliares Stavla, que el expediente de regulación de empleo “no reúne las causas económicas necesarias exigidas por ley, dado que la situación económica del Grupo Binter es solvente y no justifica un despido colectivo como el que se plantea”.

Hace un año que Binter Canarias presentó el segundo ERE aduciendo “causas económicas” y entonces tanto Sepla como Stavla unieron sus fuerzas –siempre ha sido así cuando les conviene– por entender que el expediente en cuestión era “fraudulento”. A favor se mostró en su momento la Dirección General de Trabajo del Gobierno de Canarias, que también lo impugnó por lo que entendía “abuso de derecho”. La estrategia de Rodolfo Núñez Ruano –es él quien en realidad dirige la compañía–  dejó a Binter Canarias con un solo avión y siete pilotos. Una cuestión testimonial y un ejemplo a tener en cuenta. El siguiente paso, si la sentencia es favorable a la compañía, será ponerlos en la calle.

A Binter A le queda un solo avión. El resto se reparten entre Naysa y Canair

El juicio, después de varios aplazamientos, finalmente se ha celebrado en el Tribunal Superior de Justicia de Santa Cruz de Tenerife y está visto para sentencia. Dicen los sindicatos afectados que el abogado que les representa ha conseguido demostrar “que la situación económica del Grupo Binter es solvente y no justifica un despido colectivo como el que se plantea, ya que se tenía que haber probado una disminución progresiva de los ingresos del Grupo Binter, cosa que no se ha hecho”. Dicen que 2012 fue el año que mejores resultados ha tenido, con 12 millones de euros de beneficios netos. No está nada mal, en plena crisis.

A la espera de lo que decida el Tribunal y a la vista de los hechos consumados, a los afectados y a los sindicatos lo que les queda es el derecho al pataleo. Porque tenemos la impresión de que han subestimado la capacidad de Rodolfo Núñez Ruano, a quien –no siendo santo de nuestra devoción– no dejamos de valorar la decisión valiente y los bríos con los que ha afrontado el proceso de reconversión de la compañía, sin duda acorde a sus intereses y los del grupo al que representa, pero también paralelo a la realidad. Hechos a los que los sindicatos insisten en permanecer ajenos, pues no hay más que mirar alrededor y ver qué es lo que está pasando.

Ya nos hemos referido a este asunto en esta misma sección en ocasiones anteriores. El desmantelamiento de Binter A se ha hecho a base de jugosas indemnizaciones –en algunos casos millonarias contadas en las antiguas pesetas– que estamos sufriendo todos los usuarios, pues con unos costes salariales mucho más bajos pagamos los billetes más caros. El personal de Naysa (Binter B) y Canair (Binter C) sabe perfectamente que quien se mueve no sale en la foto. Hace unos meses han vuelto a bajarles los sueldos y aquí nadie ha rechistado. Al menos en público. Pero es lo que hay. Las condiciones laborales siguen siendo muy aceptables: seis saltos por la mañana o seis saltos por la tarde. Y todos los días comen y duermen en sus casas. De modo que o lo tomas o lo dejas, sin olvidar que afuera hay una cola enorme de gente competente dispuesta a trabajar.

En resumen, aquellos polvos trajeron estos lodos. ¿De qué se quejan ahora? Quizás no fueron lo suficientemente estrategas en su momento para saber apreciar y valorar los privilegios que tenían y su actuación fue siempre la de la presión constante a la empresa. Prebendas, dinero y más dinero. Legítimo, sin duda, pero todo tiene un límite. Pensaron que Rodolfo Núñez se plegaría a sus consignas e intereses y ha sido todo lo contrario. Les tenía preparada y bien afilada la guadaña de la realidad con la que ha conseguido desmantelar el poder sindical que habían ejercido en otro tiempo cuando la compañía era propiedad de Iberia. Eso ya es historia.

Foto: Tave Myliu 

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