Del maltrato a los pasajeros en clase turista y las opciones de Air Europa

11 octubre 2013

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Muchas miradas se dirigen dentro y fuera de nuestro país hacia Air Europa como la nueva Iberia. Es decir, la compañía aérea que realmente necesita y represente a España. Mientras la querida Iberia de toda la vida agoniza, la sucedánea Iberia Express parece, según apuntan algunas fuentes, que tiene los días contados visto su deficiente funcionamiento y hasta se especula con que es posible que acabe fusionada bajo el paraguas de Vueling –como ya sucedió en su día con Clickair–, ya que ésta goza de la preferencia de IAG.

Air Europa puede ser la gran alternativa que necesita España tras la desaparición de Spanair. Compañía que, como ya hemos dicho en varias ocasiones en esta misma sección, nunca valoraremos lo suficiente lo que representó y lo que podría ser en la actualidad, caso de que hubiera mantenido el vuelo. A saber, si los hubo, qué oscuros intereses para que la compañía quebrara, más allá de la tragedia del avión JK-5022. Fuimos muchas veces clientes de Spanair, incluso dos días después del triste accidente y volamos precisamente en un avión MD, un magnifico aparato que siempre gozó de nuestra preferencia.

Air Europa tiene una oportunidad excelente para afianzarse en el liderazgo nacional

Sin embargo, a nuestro entender, algunas cosas tienen que cambiar en Air Europa. En los últimos tiempos, en consonancia con la moda imperante, les ha entrado el afán recaudatorio por la ubicación de los asientos y la amplitud entre piernas. De modo que algo que debería estar perfectamente regulado por el Gobierno, como es que el “picht” para que la clase turista sea igual para todos, resulta que no lo es. El descaro llega al extremo de que aquellos pasajeros que han comprado su billete “on line” con tarifas supuestamente económicas no tienen la opción de elegir asiento –lo que sí era posible hasta no hace mucho- y es el propio sistema informático el que lo asigna de acuerdo con la programación que haya hecho el responsable de turno. Eso es detestable y pone en inferioridad de condiciones a una parte de los espectadores del gallinero.

Les importa poco a las cabezas pensantes de Air Europa –y de las otras compañías del espectro nacional, no digamos del sucedáneo Iberia Express, que es la más incómoda de todas– si los pasajeros son gordos o flacos, altos o bajos, tienen las piernas largas o cortas, sufren alguna lesión, les duele la espalda o las rodillas… Hay ocasiones en las que es complicado moverse en una fila de tres asientos si los concurrentes tienen cierto desarrollo corporal y no digamos cuando el pasajero del asiento delantero tiene la gentileza de dar hacia atrás a su respaldo y el afectado se encuentra con que no tiene escapatoria alguna. No digamos abrir la mesilla, en la que no es posible poner un libro, un ordenador portátil o tomar un capuchino a un módico precio de altura. Algo que nunca hemos comprendido y que no se debiera permitir.  

Claro que sus señorías no viajan en clase turista y no sufren estas situaciones desproporcionadas. No les vendría mal hacerlo y así, quizás, la clase política consigue legislar en el Congreso de los Diputados e imponer vía ministerial a las compañías aéreas nacionales unas normas de obligado cumplimiento en cuanto a espacios y dimensiones para hacer un poco más agradable los viajes a los sufridos pasajeros. Imagínense no sólo un vuelo de dos horas y media entre Canarias y Madrid, sino un viaje trasatlántico de ocho, nueve o diez horas –incluso doce o trece– sentados en un asiento del gallinero infame por el afán exclusivamente recaudatorio de cuantos más asientos vendidos mejor, aunque sea a costa de la salud de los clientes.

Como decíamos, Air Europa tiene en sus manos la posibilidad de ser la nueva Iberia. Pero tiene que cambiar y mejorar en algunos aspectos. Poco a poco se ha ido haciendo con rutas históricas que los ingleses de IAG le han obligado a abandonar a nuestra querida Iberia. Ojo con los hijos de la pérfida Albión, que son más listos de lo que pensamos y encima controlan la caja del dinero. A nuestro modo de entender, la apuesta de Iberia por British Airways ha sido un gravísimo error, de consecuencias desproporcionadas e injustas para Iberia, sobre todo si lo comparamos con el tratamiento que Lufthansa ha dado a Swiss y a la antigua Sabena.

Iberia bien pudo apostar por Star Alliance y el poderoso grupo Lufthansa, en lugar de hacerlo por Oneworld. Atención al dato. El sufrido pasajero español debe saber que en la flota de la compañía alemana hay una fila menos de asientos por avión y todavía siguen sirviendo los aperitivos y las comidas de siempre, además de una atención exquisita, propia de su identidad corporativa y curiosamente, en la mayoría de los casos, con unas tarifas inferiores. Por supuesto, en ello va incluido la facturación del equipaje, que es otro de los latrocinios que nos toca sufrir en España. En resumen, como bien apunta desde Cádiz nuestro estimado amigo Juan Manuel Pérez Rodríguez “el usuario tiene que potenciar a quien todavía nos sigue tratando como pasajeros y no como transporte de ganado”. Consideración que suscribimos plenamente.

Foto: Tave Myliu

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