Por los cielos de América en VIASA

13 mayo 2014

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Venezolana Internacional de Aviación (VIASA) fue una compañía aérea que está estrechamente unida a nuestra memoria. En ella viajamos por primera vez a Venezuela a bordo de un avión Douglas DC-10. Luego volvimos a hacerlo en varias ocasiones. Hubo un tiempo, medido en años, en el que mantuvimos una relación intensa con la delegación de la aerolínea en Santa Cruz de Tenerife, dirigida por Juan Francisco Martín, persona muy dinámica y entrañable, a quien recordamos con gran afecto, lo mismo que a Omar Ferrebús, que fue su delegado en España.

“En VIASA el tiempo pasa volando”, decía el eslogan publicitario más popular de la compañía. La línea directa Gran Canaria-Caracas y después Tenerife Sur-Caracas, fue un gran acierto. La fiabilidad técnica y el servicio a bordo tenían una gran calidad, en todos los aspectos. Y para viajar a Venezuela, VIASA era una opción magnífica. Luego vino la debacle. La compañía, que era estatal, fue privatizada y quedó bajo el control de Iberia, en una etapa en la que la compañía española creía que podía abarcarlo todo. En 1997 dejó de volar, 47 años después de que hubiera levantado el vuelo por primera vez.  

Uno de los espacios publicitarios de VIASA, con el DC-10 como protagonista

Foto: Archivo de Juan Carlos Díaz Lorenzo

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Una respuesta to “Por los cielos de América en VIASA”

  1. Estrella de Invierno said

    Sin duda ¡el tiempo pasa volando! Afortunadamente, a través de la divulgación del conocimiento, se comparte esta ya histórica experiencia con la generación de relevo para evitar que caiga en el olvido. Aprendizaje es la clave. Viasa fue durante varias décadas una empresa de vanguardia, altamente competitiva, que cumplió a cabalidad y con desempeño sobresaliente su misión de transporte de carga y pasajeros, pero que también prestaba, entre otros servicios, adiestramiento a personal operativo, técnico y tripulante de aerolíneas nacionales y foráneas. Nuestra aerolínea bandera, orgullo de todos los venezolanos. Pero la procesión iba por dentro, de cara oculta al usuario. Era una quimera de la Venezuela Saudí, insostenible en tiempos difíciles, y así como otras empresas y entidades mal gestionadas por el Estado, cayó víctima de intereses políticos, adjudicaciones “a dedo”, errores, malversaciones y excesos, sumiéndola en lo que fue el principio de su decadencia. Iberia solo suministró la dosis letal que puso fin a una prolongada agonía, propiciada por la indolencia, el desinterés, más bien, el oscuro interés, de una administración pública corroída y corrosiva que descartó a priori la alternativa de ser privatizada por el mismo personal. El resultado: miles de trabajadores en la calle, aeronaves en las chatarreras estadounidenses, la pérdida de costosos equipos de simulación de vuelo, un larguísimo etcétera… y dos o tres listos con una jugosa comisión en las Caimán. Un sueño ambicioso, una realidad colosal y una amortización que la hizo estallar.
    Bien por Aerolíneas Argentinas y por Avianca. Mal por Ecuatoriana, por AeroPerú, y no sé si se me queda otra en el camino. Y muy mal por nuestra querida Viasa. Conviasa pasará a la historia como otra burda y mediocre sangría revolucionaria que de Viasa solo tiene parte de su nombre.
    A quienes llevamos a Venezuela más en el corazón que en la memoria, gracias por recordarnos estos episodios que, aunque con un desenlace lamentable, nos evocan un pasado entrañable y floreciente.
    Cordial saludo de una caraqueña, que alguna vez voló con Viasa.

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