Cosas que Iberia (Express) debe mejorar

13 diciembre 2014

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Recientemente hemos tenido ocasión de viajar de nuevo en Iberia Express. No es  compañía aérea de nuestro agrado, como ya hemos puesto de manifiesto en esta misma sección. El modelo de avión que utiliza, Airbus A-320, es el mismo que tiene la auténtica Iberia, sólo que con dos filas más que suman seis asientos adicionales, a costa de reducir el espacio (pitch) de por sí muy limitado, lo cual resulta sumamente incómodo para un vuelo de dos horas y media, caso del nuestro.

Tuvimos ocasión de volver a comprobar el desmadre en el embarque en la terminal T-4 de Madrid. Por lo visto, a algunas cabezas pensantes se les ha ocurrido embarcar por grupos, en lugar de por filas y las dos secciones del avión, como hacen otras compañías de mayor orden y concierto, algo que se ha demostrado eficaz. Comprobamos cómo embarcaban quienes querían hacerlo sin que en el control de acceso les pusiera impedimento alguno.

Iberia Express, sucedáneo de la gran Iberia. Oro no es, plata tampoco

A la ida, por el mal tiempo reinante en Tenerife Norte, salimos desde Tenerife Sur con un notable retraso, no sólo imputable a la meteorología, sino al caos que imperaba ese día en el embarque del segundo aeropuerto, posiblemente desbordados por la situación, pues la plataforma estaba llena de aeronaves. Rápida actuación del personal de Iberia en Los Rodeos para el traslado de los pasajeros en guaguas a Tenerife Sur, pero los tiempos se alargaron excesivamente a la llegada y después de pasar el filtro de seguridad, se tardó mucho rato en el embarque con una sola jardinera.

Lo único realmente agradable de ambos vuelos fueron sus comandantes y sus tripulaciones. A la ida, Francisco Simón y al regreso, Francisco Sanz. No tenemos el gusto de conocerles, pero desde aquí hacemos constar nuestro reconocimiento y agradecimiento. Muy amables y atentos en todo momento con el pasaje, informando del desarrollo del vuelo y despidiéndoles desde la puerta de la cabina de mando. La anécdota la puso el comandante Sanz, que anunció un tiempo magnífico y libre de turbulencias. Debieron conjurarse los dioses en su contra, pues vinimos dando botes casi todo el viaje.

Foto: Alberto Pérez

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