Juan Carlos Díaz Lorenzo

Iberia Express, el sucedáneo de la gran Iberia venida a menos, celebra en estos días sus diez millones de pasajeros en tres años de existencia. Para celebrarlo se les ha ocurrido la idea de convertir el Domo Complutense en el “Express Experience”, en el que durante tres días se da acceso libre para viajar en un vuelo único a Tenerife. Y decimos lo de pasajeros enlatados porque Iberia Express es la aerolínea más incómoda en la que hemos viajado en nuestra vida, pues el espacio disponible para las piernas es el más estrecho que hemos conocido junto a Vueling, que es harina del mismo costal.

A Iberia Express nos la han impuesto en Canarias, sí o sí y muy poco o nada tiene que ver con la gran Iberia, aquella compañía de la que siempre nos hemos sentido orgullosos. Con un mercado en parte cautivo, traspasado desde la matriz, han bajado mucho los costes del personal de vuelo y de tierra y, sin embargo, las tarifas son, muchas veces, de aerolínea de primera clase. Y nada más lejos de la realidad. Nunca valoraremos lo suficiente la desaparición de Spanair, pues a la vista está como Iberia Express, Vueling y Air Europa se reparten un jugoso pastel. A pesar de la bajada del precio del petróleo, las tarifas –en el caso de Canarias– son muchas veces prohibitivas.

Iberia Express ahorra incluso en imagen externa. Pero las tarifas son otra cosa

Foto: Alberto Pérez

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