Juan Carlos Díaz Lorenzo

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Alfonso García Bach, primero por la derecha, en la presentación del libro “Las Alas del Atlántico”

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Hay detalles de algunos pilotos que son dignos de elogio, como sucede en este caso. La edición digital de La Voz de Galicia se hace eco hoy de la noticia protagonizada por el comandante del vuelo IB 0512 Madrid-A Coruña, en el que sorprendió gratamente a sus pasajeros con un desvío de la ruta habitual para que pudieran ver desde las alturas la muralla romana de Lugo. Lo curioso del caso es que según dicen los pasajeros, el comandante les saludó cantando y se explayó como guía turístico a medida que iban sobrevolando ciudades. Bien debió sentar la iniciativa, pues cuando el avión aterrizó se escuchó en la cabina un sonado aplauso de agradecimiento.

El caso de este piloto, llamado Ángel Aznárez, nos hace evocar la grata memoria del comandante Eugenio Maldonado Villaluenga, quien, en su época de comandante del Boeing B-727 de Iberia sobrevolaba la Caldera de Taburiente, en la isla de La Palma, para que los paisanos pudieran ver desde arriba la grandiosidad del extraordinario cráter de origen volcánico. Y más reciente en el tiempo, Manuel Luis Ramos Garcíaen sus tiempos de comandante de Binter Canarias –cuya la compañía era filial de Iberia– también hizo algunas excepciones que permitieron a muchos canarios ver desde un avión paisajes impresionantes. En ambos casos tuvimos la satisfacción de ser testigos. Todo ello, por supuesto, se hace siempre con el visto bueno del control de tráfico aéreo.

La muralla de Lugo, a vista de avión. Todo un espectáculo