Juan Carlos Díaz Lorenzo

Cuando Iberia vendió la filial Binter Canarias, cediendo a los intereses políticos del momento, una de las razones por las que la entonces compañía de bandera quería quitarse de encima a la filial regional se debía a la presión abusiva del colectivo de pilotos, reunidos en torno al Sepla, que muchas veces utilizó a Binter para sus fines y apetencias en la compañía matriz. Tanto fue el cántaro a la fuente hasta que se rompió. Si hiciéramos aquí una relación de las pretensiones fuera de contexto de algunos de sus dirigentes sindicales, los lectores podrían decir que exageramos. Nada más lejos de la realidad.

Muchos de aquellos que en otro tiempo abusaron y renegaron de la madre Iberia, abrazaron entusiasmados a los nuevos gestores de la aerolínea regional. Lo que no podían intuir era lo que les esperaba a corto plazo. Roma no paga traidores. Y llegó la guadaña, en forma de despidos jugosos –algunos llegaron a 600.000 euros, así como lo leen– y otros, más prudentes y temerosos de lo que les podía esperar, entraron por el aro de la nueva dirección. A costa de recortes salariales, que superan el 40 % y de determinadas prebendas, todo con tal de volar en casa, pues fuera de las islas los privilegios que aquí tienen –y eso que han perdido bastantes– se echan mucho de menos.  

Binter tiene el negocio asegurado. Pocos hay tan rentables en Canarias

El desmantelamiento de la Binter original –una maniobra bien calculada y dirigida con indudable éxito por Rodolfo Núñez– se ha llevado a cabo con precisión meridiana. Ahora, dos aerolíneas “low cost” salariales llamadas Naysa y Canair, realizan casi toda la programación a unos costes sensiblemente inferiores. Pilotos y TCP´s baratitos, que la cola que hay en la calle es considerable. Se acabaron los abusos en forma de “plan charlie” y otras maniobras sindicales. Y, a cambio, tarifas caras, abusivas en muchos casos, pues hay que recuperar la descomunal liquidación en cifras millonarias que se hizo de los pilotos, muchos de ellos excelentes profesionales, muy curtidos en los cielos regionales y una garantía absoluta cuando la meteorología no acompaña.

Desde entonces, la marca comercial Binter figura entre las más puntuales de Europa. Y hasta recibe premios. No tiene nada de extraño. Los pilotos saben que el que se mueve no sale en la foto. Las obligaciones de servicio público garantizan la continuidad de Binter y pone reparos a posibles competidores. ¿Quién controla las tarifas?. Ha bajado el precio del combustible pero no lo repercute en el precio de los billetes. Ahora quieren tapar la boca con 75.000 plazas supuestamente baratas. Canaryfly, no se engañen, es más de lo mismo. Hay rumores de que accionistas de Binter tienen intereses en esta mediocre aerolínea, que vuela con aviones entrados en años y tarifas casi iguales. Sabemos que hay órdenes de no molestarse mutuamente. Lo único que nos alienta para volar en ella es que tiene buenos pilotos, algunos procedentes de Islas Airways y que el mantenimiento se lo hace Binter. Y poco más.

Foto: Alberto Pérez

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