Juan Carlos Díaz Lorenzo

Los pasajeros del vuelo de Binter Canarias NT 607 del pasado 15 de diciembre se llevaron una sorpresa que no estaba incluida en el precio del billete. Un vuelo aparentemente normal, rutinario, como es habitual en la programación de cada día, inicia su maniobra de aproximación al aeropuerto de La Palma y cuando todo parecía que discurría plácidamente e  iba a tomar tierra, resulta que realiza un vuelo rasante sobre la pista de aterrizaje, toma de nuevo altura y repite la maniobra.

A continuación, el avión ATR-72 matrícula EC-JBI aterriza con normalidad y cuando se dirige al estacionamiento asignado recibe los chorros de agua de los bomberos del aeropuerto de La Palma, como si de algo inaugural o de una despedida se tratase. Como quiera que el avión está en servicio desde septiembre de 2004, la primera posibilidad queda descartada. En efecto, hemos sabido que se trataba de una “despedida”, pero no por jubilación –que es lo que la tradición aeronáutica manda en estos casos-, sino de alguien mucho más joven que, al parecer, deja la compañía tras alcanzar un acuerdo con la dirección por aquello del ERE en curso.

Resulta que hay pasajeros habituales que tienen muchas horas de vuelo y saben lo suyo de aviones. En el vuelo NT 607 había algunos de ellos que se llevaron una sorpresa descomunal cuando advirtieron que el avión iba a aterrizar y no terminaba de hacerlo, tampoco escucharon el ruido característico de “tren abajo”, por lo que pensaron que algo raro sucedía. Y entonces les entra miedo.

EC-JBI, avión protagonista de la llamativa "despedida"

De pronto, y en condiciones meteorológicas normales, el avión acelera la potencia de los motores, realiza una pasada rasante a pocos metros del suelo, remonta el vuelo sobre Los Cancajos, da la vuelta, vuelve a maniobrar y aterriza sin novedad, momento en el que los sorprendidos pasajeros por fin recobraron la calma. El vuelo NT 607 de las ocho y media de la mañana había puesto las ruedas en el suelo con diez minutos de retraso.

Nos asalta, entonces, un rosario de preguntas, a saber: ¿es legal hacer un vuelo rasante con pasajeros a bordo? ¿Qué razones objetivas tiene la torre de control para autorizar una maniobra así?, ¿informó el comandante del avión de su intención a la dirección de operaciones de Binter Canarias?, ¿informó el comandante del avión a los pasajeros de lo que iba a hacer y el por qué de su actuación?; en ese caso, ¿dio el visto bueno la dirección de operaciones de Binter Canarias?, ¿estaba informada la dirección general de Binter Canarias de la “despedida” con chorros de agua de los bomberos del aeropuerto de La Palma? ¿la dirección del aeropuerto palmero tenía conocimiento de ello?. ¿Acaso no hubiera sido lo correcto que hubiera recibido el pretendido homenaje en el aeropuerto final de la línea asignada?

Preguntas de las que como usuarios del transporte aéreo nos gustaría tener clara y oportuna respuesta, por sí un día de éstos va y nos toca otra “despedida” con vuelo rasante, el avión lleno de pasajeros y los chorros de agua a la llegada. Pues, sinceramente, por aquello de la seguridad aérea, el respeto a volar y otras cuestiones inherentes, no nos gustaría llevarnos “sorpresas inesperadas” como la acontecida.

Foto: Jorge Miguel Abreu (planespotters.net)

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